martes, 19 de octubre de 2010

La extraña costumbre de sonreir

Erín vivía en un extraño paraje de la antigua Transilvania, región dada a las leyendas y supersticiones de todos los tiempos memorables, y más aquellos en los cuales las situaciones son densas y conflictivas. Desde bien pequeño, tenía tras de si un lastre de reproches que no podía entender muy bien. Y eso era porque desde que diera los primeros pasos de su vida era un extraño niño, que crecía a cinco centímetros sobre el suelo. Cuando iba con su madre de la mano todos le miraban, y no porque tenía la extraña costumbre de sonreír, ni porque sus ojos brillaban con intensidad, no ..sino porque flotaba sobre el suelo..con pasitos diminutos, y a veces hasta se atrevía a correr contento olvidándose de que no era un chico normal, nunca sería normal, nunca tendría los pies en el suelo.
Ahí estaba su culpa, culpa que.. sin embargo no sabía como redimir.
Había escuchado de todo, aguantado burlas y brujerías. Había andado sobre tablillas..soportado alzas y prótesis desde los 3 años.. pero esa no era la solución..Era el niño de los pies alados..pero sus alas debían de ser transparentes, porque nadie las había visto jamás.
A medida que crecía, aumentaban también centímetros bajo sus pies.
Con el tiempo dejo de crecer en el aire, su estatura se estabilizo al igual que le cambio su voz de adolescente y le crecía una incipiente barbita, pero nunca pudo poner un solo pie en el suelo.
Un día recordó a Marina, la niña frágil de los pies de cristal. La conoció en casa de una curandera, ya he dicho que las supersticiones ocupaban buena parte de la cultura de todos sus vecinos, pero..allí estaba ella, con una delicadeza increíble, y una sonrisa que le estiraba de las pestañas en un amable gesto de ser también una niña rara. Quizás Marina no le viera como un extraño bicho en una sociedad que no lo aceptaba.

Nunca comprendió porque decían que los pies de Marina eran de cristal..y le estaba vedado pasear por las calles, y también bailar, por miedo a que alguien de pronto le pisará y se le rompieran sus diminutos dedos. Erín quería volver a saber de aquella chica.
Cuando Marina vio a Erín en la entrada de su casa, con su sonrisa calida y una flor como obsequio, no pudo dejar de sonreír.Le invito a entrar..segura como estaba que el jamás pisaría unos pies como los de ella. y entonces sonriéndole empezó a bailar.

A Erín aquel gesto le envolvió de ternura, y la ensalzo por la cintura para bailar con ella.
Finalmente todo era perfecto.
lyria

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