lunes, 26 de abril de 2010

Besos por Tulipanes

-Bonito lugar no?¿ dijo al tiempo que le asomaba la sonrisa y señalaba el entorno en donde estábamos.
_Si , le respondí entusiasmada, acabó de llegar hace unos minutos y he parado para hacer fotos. Es un precioso paisaje.
- ciertamente lo es, me respondió mientras sacaba de su mochila una botella de agua y apuraba el contenido.
- voilà, hizo un gesto señalando el envase vacío, he venido a repostar. Nunca imaginarias que aquí cerca hay un pequeño aljibe…eh?¿

Al decir esto me señaló algo similar a un montículo de tierra prensada medio oculto por unos matorrales de espino blanco, rosa mosqueta y baladre.

-Te propongo algo, dijo sacando unos pequeños tiestos de su mochila…
Sonreí impresionada, al ver aquel rosal pequeñito y un jazmín.


-Te regalaré luciérnagas si me ayudas a hacer un jardín, y la mitad de él será tuyo.
Me gusto el trato, asi que como colegas que empezabamos a ser nos dimos la mano y nos presentamos formalmente, porque quedaba muy mal que dos socios no se conocieran de nada.

A partir de entonces tube que cumplir con mi palabra, así que volví muchas veces, y cada vez que iba una nueva flor, una nueva aromática, un pequeño árbol me advertía de su presencia, aquello se convirtió casi en un ritual, y cada vez que pasaba por un vivero, me llevaba alguna para poner allí. Estábamos dando sentido a un espacio que iba creciendo lleno de color de texturas de formas, que iba adquiriendo frescura.



Cada una de las semillas que plantamos, cada arbusto y cada flor que creció lo convirtió en el lugar más hermoso de la tierra, y en las noches de verano cuando no había luna, las luciérnagas nos indicaban el camino de las amapolas y las estrellas nos señalaban el camino a casa.

lyria

martes, 20 de abril de 2010

Señales de Tiempo

De repente toda la ciudad se quedo a oscuras y un potente haz de luz la atravesó por completo.
Julia se perdía en la oscuridad, no lograba divisar a tres metros de distancia, pensó que lo mejor seria quedarse refugiada en algún portal y esperar que todo volviera a la normalidad.
Una voz la sorprendió a su espalda - pase usted, va a empezar a llover y en estas fechas las tormentas son grandes y fatídicas, aquí tendrá un buen refugio.
Dudosa titubeó antes de dar el primer paso y adentrarse dentro del misterio de una casa que no conocía.
-Me quedaré en la puerta si no le importa -le dijo al ver que grandes gotas de lluvia amenazaban con empaparla entera.

Pegada en el postigo, las ventanas le devolvían el ruido insistente de unas gotas colmadas de fuerza y de ventisca incontrolada. Intentó relajarse, es lo normal se dijo, y este señor demuestra tener algo de altruismo en estas circunstancias.

Las velas que alumbraban la estancia eran trémulas, alargando las infinitas sombras que habitaban la casa.

El dueño de la casa se le acercó con un candelabro antiguo, tengo la mesa dispuesta, no es casualidad que esta noche hayas llegado hasta aquí.
Aquellas palabras la asustaron y entonces sintió el miedo pegado entre la ropa y la piel, y como un estremecimiento la dejaba helada, pero se dejo guiar hasta la sala iluminada por decenas de velas de tamaños y colores variados.

Un mantel de color verde conjugaba perfectamente con las hileras de libros en colores diversos, miró a su alrededor, las obras escritas lo ocupaban todo, centenares de ellas formando enormes estalagmitas como rascacielos de letras y siglos, de los más variados autores. Los muebles estaban rebosantes, más y más libros en cada ángulo.

Pensó en lo afortunado que era aquel anciano personaje, de barba blanca y mirada oblicua que dejaba pasar a través de los cristales de sus gafas cuadradas, por tener semejantes torres en tapa dura y deseo mirar los títulos que atesoraban el enigmático inmueble.

Pero la noche se abría nuevamente, y llego la luz. No supo cuando ni como se encontró de nuevo en la calle. Había parado de llover, y se dirigió a su casa.

A los pocos meses salió en busca de aquella casa, pero no la pudo encontrar, un cartel en una esquina le hizo leer el rótulo “Apertura de biblioteca”.
Fue a los 2 años que pudo entrar. Un busto en la entrada le recordó al amable señor que la acogió en su casa. Sintió un extraño escalofrió y se le nublaron los ojos de lágrimas, hacia tres meses que el catedrático de filosofía había muerto a los 103 años de edad.

Y como señales de tiempo, fue recorriendo cada palmo de escritura que la encontró aquella noche.

Siempre te estaré agradecida

lyria

sábado, 3 de abril de 2010

Sabía que nunca le decía la verdad


Que has hecho estos años?¿
pregunto inquisitivo con un guiño cómplice
-No echarte de menos,
le contestó divertida, mientras daba vueltas nerviosas a su colgante de media luna
Sabía que nunca le decía la verdad, le sonrió….
–Yo tampoco recuerdo no haberte olvidado, le dijo…
Y subieron al tren, porque un tren como aquel no podía perderse.
lyria